Puente de Brandomil

Vaya por delante que este puente cuenta con la ventaja de un nombre realmente evocador, que remite al pasado galaicorromano y que sirvió de inspiración al poeta Eduardo Pondal: así se llamaba uno de los héroes que, en sus creaciones, luchaban contra el invasor

            El puente cruza el Xallas justo antes de la cola del embalse de A Fervenza, uno de los muchos que aprovechan el cauce de este río coruñés. Por él pasaba originariamente el Camino de Santiago hacia Fisterra.

            Es una obra de muy probable origen romano; según los trabajos arqueológicos, durante el Imperio en la zona existía un cruce de caminos y, por lo tanto, al menos una villa que diera servicio a quien por aquí transitaba. Con todo, el puente actual es de la Edad Moderna, hacia el siglo XVI, y consiste en cuatro arcos de piedra, el más alto de ellos de más de ocho metros.

Puente situado sobre el cauce del río Xallas, que formaba parte del antiguo camino de Santiago a Fisterra antes de ser relevado por un puente de hormigón en los años 40 del siglo XX. Por Brandomil pasaban los peregrinos que desembarcaban en los puertos de Muxía y de Fisterra en dirección a Santiago. Posee cuatro arcos de sillería, tres de ellos de la misma luz, 8.20 metros, y el otro, en un extremo del puente de menor luz, 4.30 metros. Las pilas, con tamajares que suben hasta la coronación, tienen gran espesor, en torno a los 3 metros. El ancho de la calzada es de 2.75 metros. Las dos bóvedas de la margen derecha tienen doble rosca. Tanto las bóvedas como los tímpanos y los pretiles son de sillería. Por sus características constructivas y formales se puede situar la fecha de construcción de este puente el el siglo XVII (posiblemente), aunque se sabe que existió otro anterior en este lugar. A pesar de que conserva su forma primitiva, necesita un cuidado de conservación ya que está abandonado y tan sólo se emplea para el tránsito local.

O ponte de Almofrei

            El Río Almofrei discurre por Cotobade por estrecho valle difícil de salvar. Para ello se construyó en el siglo XVI un pequeño puente de un solo ojo en una de las zonas que menos pendiente acumulaba hacia al norte, aprovechando un salientes rocoso. Por aquí discurría un camino que unía las pequeñas poblaciones de Almofrei y Mirón. Es posible que el puente fuera reformado en el siglo XVIII y fuera aprovechado por alguna ruta de arrieiros que vinieran de las tierras del sur de Galicia en su camino hacia las ciudades punteras del siglo XVIII.

            El puente de Almofrei, construido en sillería de granito, presenta un arco ojival de 7,70 metros de luz y más de diez metros de alto, ya que se apoya en grandes rocas situadas a tres metros de altura que dan la sujeción de su arco.

            El río Almofrei nos muestra en estos lugares un aspecto majestuoso, encajado en un valle que conserva parte de su belleza natural. Junto al puente se localiza un molino de agua conocido como Muíño da Ponte o “da Maquía”. Desde el nacimiento del Almofrei en los Altos do Seixo, el río está repleto de antiguos molinos de agua. El del puente es el número 54 y mantiene una tipología única en estas zonas, ya que cuenta con vivienda en la planta superior y se compone de cuatro ruedas de molinos distribuidas en dos pisos.

Ponte Cernadela

            El puente de Cernadela salta el Río Tea muy cerquita de Mondariz, concretamente en un lugar conocido como O Ceo. y une las parroquias de Riofrío y Mondariz. Hay quién afirma que sus orígenes se sitúan hace 2000 años, durante el dominio del Imperio Romano. De esto se sabe por la aparición de una estela antropomórfica en el año 1958, en la cual una inscripción marcaba la vía como el itinerario de Antonino Pío, o lo que es lo mismo la Vía XVIII, que unía Brácara (Braga) con Astúrica.

            De todas formas, el puente sufrió modificaciones a lo largo de los siglos, en concreto en XV, XVII y XVIII. Los cinco arcos conservados son de estilo ojival, excepto el central, que conserva el arco de medio punto. La longitud total del puente alcanza los 70 m. Como muchos puentes del río Tea, el puente está rodeado de leyendas y rituales cuya origen se pierden en el tiempo.

            Aún se conservan restos de la antigua calzada que llegaba hasta el puente así como también a ambos lados del puente, descubrimos la existencia de dos viejas edificaciones que servían para posadas y abastecimiento de los carruajes que cruzaban y transitaban la ruta. Este puente era utilizado por importantes rutas que unían O Ribeiro y Redondela y que comerciaban con vino y pescado. En el siglo XIX aún era el único paso para los que llegaban desde Ponteareas en dirección Mondariz y Covelo.

            El lugar lo completa una hermosa playa fluvial, creando un sitio perfecto para refrescarse de los calores estivales de la Comarca do Condado en las magníficas y cristalinas aguas del río que forma parte de la Red Natura, el río Tea. Existe una cantina y un buen aparcamiento.

            A lado de la playa fluvial existe un gran molino de agua harinero de tres ruedas que es conocido como Muíño do Cubo. No debemos confundir “do Cubo” que en este caso es el nombre que le han dado al molino, con los molinos de tipo cubo, pues en este caso no tiene mucho que ver. Los molinos de tipo cubo tenían un recipiente (el cubo) cilíndrico o cuadrangular que retenía el agua y luego la empujaba hacia el rodicio. Estos aprovechaban el agua de regatos pequeños y eran muy útiles en épocas de poca agua.

            Este molino “Do Cubo” es un gran molino de dorna, es decir que sus rodicios se encuentran a nivel del río y es prácticamente la fuerza del río la que las mueve. Se situaban en ríos caudalosos, podían funcionar todo el año y normalmente eran muíños de maquía. Es posible que el “cubo” que en este caso alberga el rodicio le haya dado tal denominación. Otra de las características que sobresalen en este molino es el gran muro que lo protege de las crecidas y que hace que aguante sin muchos problemas invierno tras invierno. Por encima veremos la gran aceña creada para desviar el agua para el molino.

Ponte Bibei

Los romanos entraron en la Península en el año 218 a.C con el pretexto de cortar los suministros a las tropas cartaginesas, quienes ponían en peligro el poder de Roma. Sin embargo muy pronto se dieron cuenta de las fuentes inagotables de recursos que esta parte del continente les podría aportar y no tardaron en ponerse “manos a la obra” y conquistar el resto de la Península. Aunque contaron con diferentes pactos con tribus, no les fue nada fácil, sobre todo el noroeste peninsular, a lo que ellos llamarían Gallaecia. La difícil orografía de Gallaecia provocó que los romanos tuvieran que tirar de ingeniería para vadear los ríos y valles gallegos por lo que una de sus principales obras fueron los puentes.

En Galicia encontraremos una cantidad ingente de “puentes romanos” o así los denominan muchos y los creen como tal. Pero la realidad es bien diferente. Los puentes originales a pesar de su buena factura sufrieron el devenir de los tiempos y la mayor parte de ellos no resistieron y tuvieron que ser modificados y ampliados numerosas veces a través de los siglos, por lo que la fábrica romana se perdió casi totalmente quedando reducida a las bases y a algunos arranques de arcos.

La mayoría de los puentes de piedra que vemos en nuestros ríos, cuyo origen ya se pierde en la memoria, no pasan del siglo XVIII, cuando la arriería alcanzaba el máximo exponente y las ciudades demandaban productos constantemente y el tránsito y rapidez eran fundamentales para el comercio. Recordemos que estos puentes de arco precisaban de una gran inversión, tanto económica como humana. Muy pocos de nuestros puentes conservados son góticos y menos aún quedan románicos.

Sin embargo aún queda algún puente que prácticamente ha aguantado intacto después de 2000 años y que siguen desafiando el paso del tiempo y uno de ellos también al tráfico. Quizás los dos que vamos a ver ahora sean los únicos puentes que podremos denominar como “puentes romanos” de verdad, o por lo menos los que más rasgos han conservado desde su construcción.

El primero de ellos pertenece a la Vía XVIII, aquella que desde Brácara continuaba hasta Asturica para aprovechar todos los recursos minerales que estas comarcas aportaban. En tierra de los tiburos se encontraron con el sinuoso y profundo valle del Bibei y aunque su máxima era la línea recta no tuvieron más remedio que hacer una vía sinuosa para descender el valle y para cruzarlo construir el mítico Ponte Bibei. Este puente lleva soportando tráfico desde hace mucho tiempo y parece que así vaya a seguir por mucho más. Pero ahí está, desafiando a los siglos y la civilización actual.

Puente de Aguapasada

Cruza el río de Augapesada, también conocido como Rego dos Pasos. Este río forma el denominado valle de Ames o de Covas y confluye con el río Sar en A Condomiña (Bertamiráns). El puente actual se debió levantar entre el siglo XVII y la primera mitad del XVIII, pero, toda vez que Augapesada fue un importante nudo vial, cabe pensar que ya existía una infraestructura anterior. Consta de arco de medio punto rebajado y dos aliviaderos. La calzada está formada por grandes losetas de granito, tiene rasante con volumen y los parapetos son de cantería.

Su extraña posición actual se debe a que la carretera no sigue el trazado del histórico Camiño a Fisterra, que bajaba desde O Lombao paralelo a la actual vía, y que desapareció tras la concentración parcelaria. Del lado del puente se encuentra un molino de rodicio movido por el agua del mismo riachuelo. Su existencia está documentada desde la segunda mitad del siglo XVIII.

Situada na parroquia de Ames, esta ponte de Augapesada está no trazado do antigo Camiño Real de Santiago a Fisterra. É unha ponte de cantería con arco de medio punto rebaixado. Rasante alombada de trazado curvo e calzada de grandes lousas de pedra. Posúe un van e dous vertedoiros. Nalgúns libros e documentos datan a construción como romana e noutros como medieval.

Permite atravesar o regueiro de Augapesada, que desemboca no Sar. Fito importante no paso da ruta xacobea que vai cara a Fisterra e cun grado de protección integral, no PXOM de Ames non se data a súa cronoloxía, pero algúns traballos sobre itinerarios das vías romanas nomean a Augapesada como un lugar de paso cara as terras noroccidentais de Galicia.

Con una sóla arcada y de gruesos piedras encastradas con su propio peso es un puente pequeño pero de gran belleza y localizado en un paraje como los demás de gran atractivo turístico.

Galicia fue para los romanos un lugar donde terminaba la tierra y desde donde partir a otras zonas, los caminos y las dificultades orográficas han provocado que en Galicia el número de puntes, acueductos y demás ingeniería romana proliferase de manera abundante por ello tenemos tantos ejemplos de dichas construcciones.

El puente de Pontecesuras

La vía 19 o vía XIX, fue una de las grandes arterias romanas de comunicación de la antigua Gallaecia. Desde Bracara, la actual Braga en Portugal, se dirigía al norte para cruzar el Miño por Tui y seguir probablemente la gran depresión hasta Santiago. Posteriormente cambiaría su dirección hacia el oeste, pasar por Lugo y finalizar en Asturica.

Entre las masiones de Aquis Celenis (Caldas de Reis) e Iria debían atravesar el río Ulla. Eran muchos los ríos que tenían que vadear y para ello los romanos disponían de pasos en barca y en donde convenía, levantaban grandes puentes de piedra.

Por ello se especula que el puente de Pontecesures que atraviesa el río Ulla y que une esta localidad con la histórica Padrón, podría tener un pasado romano y más cuando leemos ya al geógrafo árabe Al-Idrisi (siglo IX) que nos habla de un gran puente de cinco arcos “tan altos que puede pasar una nave sin abatir los palos“.

Pero de este supuesto puente romano, no queda nada, ni las bases, ni ningún tipo de arranque, ni sillares almohadillados, ni otro tipo de técnicas constructivas romanas. Por ello se piensa incluso que el puente original podría haber estado situado en algún otro lugar de las cercanías de Pontecesures.

Al topónimo “Pontecesures” se le atribuyen diferentes orígenes. Algunos ven en él el nombre de César Augusto Octavio Vespasiano y que el puente sería hecho bajo su mandato (27 a.C – 14 d.C.). Otros aseguran que sería mejor pensar en “ponte caedare“, relacionado con el desnivel del terreno en donde se asienta la primitiva villa de Requeixo, en donde quedan los restos de un castro y una iglesia románica.

La parte principal del puente de Pontecesures que cruza el río Ulla consta de trece arcos de medio puntos rebajados. Tiene tajamares en ambos lados, elemento constructivo muy común en puentes que se encuentran en zonas intermareales. Los tajamares de río abajo sirven para resistir la subida de las mareas.

Puente Freixo

Muchas veces se habla de posibles puentes romanos en diferentes lugares de Galicia. Sin embargo, la mayoría de los denominados como “romanos” son en realidad medievales o del siglo XVIII. Algunos de estos fueron rehechos sobre verdaderos puentes romanos y realizados íntegramente con fábrica medieval. Pocos fueron los que conservaron restos del original y los pocos que hay presentan algunas características solo en sus bases. Sin embargo, existen en Galicia una serie de puentes que sí podrían considerarse de fábrica romana y que en el siglo XXI conservan bases y parte de sus aspecto original. Ejemplo de esto pueden ser los de Bibei y el de Ponte Freixo, sobre el Arnoia.

De todos es sabido como la Vía XVIII o Vía Nova del itinerario de Antonino aprovechaba la depresión del Val do Limia en su viaje hacia Astúrica. Debajo del embalse de As Conchas se encuentra otro puente romano, Puente Pedriña, por donde esta vía saltaba el Limia. Actualmente si el nivel del embalse es muy bajo, puede llegar a verse. Cuando la via XVIII pasaba por el campamento del Aquis Querquernnis  y llegaba a Celanova, se dividía un ramal que se adentraba hacia donde existen los restos del castro romanizado de Castromao para después dirigirse al valle del Arnoia, en dirección Ourense y luego a Lugo. La importancia de este posible ramal la atestigua la existencia de uno de los puentes romanos de Galicia por excelencia, el Ponte Freixo.

Para vadear el Río Arnoia los romanos construyeron un gran puente de cuatro arcos. La huella romana en este es espectacular: Sillares almohadillados en sus bases, arcos de medio punto, rasante horizontal, un ancho aceptable de la calzada, tajamares y un sinfín de marcas en los opus cuadratum que nos informan de su seguro pasado romano.
Los cuatro arcos nombrados anteriormente son formados por dos vanos de luces de 7,70 y otros dos de 4,70. La longitud del puente es de 57 m. La cimentación está realizada sobre roca maciza.

El estado en el siglo XX era de total ruina, lo que llevó a su restauración y la obra de mantenimiento y sujeción. Estos trabajos se llevaron a cabo en el año 1989 dejando el puente consolidado para largo tiempo. La única pega de su restauración es el hormigón que se asentó para la calzada dándole un aspecto poco romanizado en la vía.

El Puente de Ponteareas

Imagen: Galicia Pueblo a Pueblo

Este puente da nombre a la villa que lo cobija, Ponteareas, cuya traducción literal sería “puente-arenas”, aunque “Areas” realmente sea el nombre de la parroquia que es unida por este. El río Tea, gran afluente del Miño, discurre por toda la comarca y pasa por esta localidad al que está histórica y naturalmente unido. Sobre él se localizan una serie de puentes de orígenes romanos y medievales que servían para comunicar dos grandes áreas. Entre ellos conocemos el puente de Cernadela, el de Moreiras, el de Fillaboa y este: El Puente de los Remedios o también llamado Ponte Vella o más vulgarmente conocido como Puente Romana o Puente Medieval. Antiguamente existió otro más en la villa de Ponteareas, pero por desgracia no ha llegado a nuestros días.

Los orígenes de este puente lo tenemos que buscar en los ingenieros romanos que tantas infraestructuras brindaron a nuestra comunidad y al resto de la península. Lo que está claro es que la comarca del Condado, comarca donde se enmarca Ponteareas, está llena de vestigios romanos, como así lo atestiguan los restos de una villa romana encontrados en la parroquia de Angoares, a escasa distancia de Ponteareas. Se piensa que por aquí pasó una vía romana, quizás, la XIX, del itinerario de Antonino Pío, que comunicaba Bracara Augusta (Braga en Portugal) con Asturica Augusta (Astorga).

Realmente este puente fue construido totalmente sobre estas bases romanas ya en época medieval y así han permanecido hasta nuestros días. El puente tiene cuatro arcos, dos semircirculares y dos ligeramente apuntados, traza claramente medieval. Contra corriente dispone de dos gruesos tajamares. No hace mucho aún era utilizado para pasar vehículos de una ribera a otra. Menos mal que hoy no se permite el tránsito y menos cuando tenemos un moderno puente a tan sólo unos 50 mt río arriba por donde atraviesa la nacional N-120 Vigo-Logroño. El camino del puente nos llevará a una pequeña ermita en honor a San Roque cuya festividad es celebrada en el mes de Agosto.

Este lugar no está exento de leyendas, y la más conocida nos cuenta como la mujer que no da tenido hijos a causa de abortos, acudirá a medianoche y al primer viandante que pasé le pedirá que diga unas palabras rituales y oraciones y derrame agua del río recogido con una taza atada a una cuerda, sobre ella, como si de un bautizo prenatal se tratara, mientras la mujer tira unas monedas al río. Una vez nacido el niño, esa persona deberá apadrinarlo. Este rito también está extendido por muchos otros puentes de Galicia y muy cerca de este en especial, en el puente de Moreiras.

En verano, el lugar, gracias a sus mansas aguas estivales, se convierte en una playa fluvial, donde los vecinos se acercan a sus inmediaciones donde encontraremos alguna mesa y lugar para extender las toallas. Dos km río arriba también encontraremos la magnífica playa fluvial de “A Freixa”, donde los fines de semana, se concentran cientos de personas. Una de las festividades más importantes y más conocidas de Galicia se celebra en Ponteareas. Se trata del Corpus Cristi, en donde en medio de grandes festejos la villa es engalanada por bellas alfombras florales por donde discurrirá la procesión.

PUERTO O BARQUEIRO

Escapadas O Barqueiro y Estaca de Bares, donde Atlántico y Cantábrico se  baten en duelo

El cabo de Estaca de Bares es famoso por ser el punto costero más septentrional de España, pero unos kilómetros hacia el interior, en su vertiente oriental, el río Sor forma su unión con el mar Cantábrico dando lugar a una de las rías más pequeñas pero con mayor encanto de Galicia.

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Siguiendo la línea divisoria entre las provincias de Lugo y La Coruña, la ría do Barqueiro acaba frente a una coqueta población marinera que forma un paisaje idílico.

El puerto de O Barqueiro, todo lo que se puede esperar de una aldea marinera

El puerto de la parroquia de O Barqueiro es uno de los lugares con ambiente marinero más bonitos de España. Su pequeño tamaño no es impedimento para deslumbrarnos con su sensacional estampa frente a las aguas de la ría, que se entremezclan con el mar Cantábrico.

Los barcos de pescadores y algunas embarcaciones de recreo forman parte del sensacional conjunto del reducido puerto, sobre el que se levantan pintorescas casas de forma escalonada formando una especie de graderío multicolor. Un reducto de tranquilidad, poco conocido fuera de Galicia, que se ensalza con justicia como uno de los emblemas destacados del concejo de Mañón.

Jordi Carrio Jamila / ISTOCK

Un lugar donde las preciosas vistas se intercalan con las faenas de los pescadores mientras llegan a puerto con sus capturas frescas, que más tarde pueden formar parte del menú de uno de los restaurantes de la zona. Pescados y mariscos de la más alta calidad que se suman a los atractivos de esta villa en su vertiente gastronómica.

El placer de la panorámica costera, el encanto especial de los atardeceres en la pequeña ensenada desde una terraza, las vistas sobre las casas marineras desde las cuestas del pueblo… son razones más que suficientes para visitar este remanso de paz.

Un entorno con mucho que ofrecer

La cercanía de O Barqueiro al faro de Estaca de Bares hace que sea una visita ineludible si se anda recorriendo la zona. Mientras, el puerto de Bares es otra de esas joyas del norte de España que no podemos perdernos, así como la imagen de la Isla Coelleira y Vicedo, que se sitúan en el lado costero situado enfrente.

Juan Carlos Juarez Jaramillo / ISTOCK

Precisamente la playa de Arealonga, en Vicedo, es el punto que se une con O Barqueiro a través de un sendero litoral interprovincial que atraviesa la ría por el llamado «Puente Metálico», un bello ejemplo de principios del siglo XX que unió las dos orillas sustituyendo a los antiguos barqueros que llevaban a cabo esa función; un oficio que daba nombre a la población de O Barqueiro.

Es interesante llegar por este sendero hasta la playa y contemplar las grutas con sus vistosos colores.

POZO DA FERIDA

Caleyando con Cienfuegos: Cascada do Pozo da Ferida

El “Pozo da Ferida” es una cascada localizada en el municipio de Xove, casi en el linde con Viveiro. En este punto, el río se encaja y forma este salto de más de 30 m. de altura. En su base se originó una poza circular rodeada de alisos, sauces, robles y helechos: un lugar con mucho encanto e historias de leyenda.

Está situada en las cercanías de los montes del Buio, una pequeña sierra localizada entre las parroquias del Monte (Xove) y Chavín (Viveiro), en donde nace el río Xudreiro o Loureiro, tributario del Landro, y que en su camino hacia el mar forma esta cascada.

La cascada cuenta con varias leyendas, como la que cuenta que la presa de la cascada fue construida por los habitantes del castro de Loureiro, o la otra que cuenta que el pozo no tiene fondo y que las aguas tienen el color del estiércol porque cayó allí una vieja gigante que llevaba a cuestas este material y ya nunca se pudo levantar.

La palabra “ferida” (herida) parece referirse al corte o hendidura producida por la erosión del agua al discurrir sobre la roca. En las proximidades de la cascada se encuentran también las ruinas de un antiguo molino.

CÓMO LLEGAR A LA CASCADA POZO DA FERIDA

Se llega por la carretera de Viveiro a Mondoñedo en la que se coge un desvío a Valcarría, en las proximidades de Chavín. Desde este punto la cascada se encuentra perfectamente señalizada, y es de acceso sencillo.También se puede acceder dando un paseo desde Casa do Batán, siguiendo el curso del río Loureiro, que bordea la finca de la casa y a poco más de 6 kilómetros de ésta, se encuentra este paraje natural de increíble belleza.