Nuestra Señora del Corpiño

            Situado en Lalín (Pontevedra) este santuario cuenta con una larguísima tradición de devotos. Se erigió en un lugar de culto muy antiguo. Sus tierras están rodeadas de castros y campos de “mámoas” (como el de Oirós, un de los más extensos en Galicia).

            A pesar de que pasó por varias reformas, sabemos que como lugar de peregrinación tiene unos orígenes muy remotos (aparece ya mencionado en documentos del siglo XIII).

            El relato de su construcción es también apasionante. Hace muchos siglos vivía en el Monte do Carrio un piadoso ermitaño que dedicaba su vida a rezar a la Virgen y a perdonar pecados. La gente acudía a él en busca de ayuda y consuelo. Al morir sus paisanos decidieron conservar su cuerpo incorrupto en aquel lugar, que con el tiempo se convirtió en un centro de peregrinación. Años después, cuando los árabes invadieron estas tierras, sus devotos escondieron el cuerpo del santo en una cueva cercana al lugar donde hoy se levanta el santuario. Muchos siglos después, estas tierras fueron repobladas… pero ya nadie se acordaba de este santo “corpiño” cuya capilla se había derruido y estaba cubierta de maleza. Sin embargo, en el momento menos pensado, sucedió un milagro.

            Dos jóvenes pastores vigilaban su ganado cuando se desencadenó una gran tormenta. Buscando refugio, entraron en las ruinas donde estaba oculto el cuerpo del santo. En aquel momento se apareció la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos, cubierta de un gran resplandor. Nadie creyó a los pastores, pero las apariciones continuaron sucediéndose hasta que los habitantes de la aldea encontraron una vieja sepultura en aquel lugar, con el cuerpo incorrupto del santo ermitaño.

            Se piensa que este santo no es otro que el anacoreta Adrián, quien vivió hace mucho tiempo en estas montañas, dedicando su vida a la oración y a la penitencia. Sus vecinos lo veían como a un santo y tras su muerte construyeron una pequeña capilla en su honor. Según el historiador Vicente Risco, las peregrinaciones al sepulcro del santo se inciaron en el siglo VIII, poco después de su muerte. Luego habla de su extravío durante la invasión musulmana y de su recuperación fortuita en el siglo XII.

            Según cuenta la tradición popular, peregrinar al santuario de Nosa Señora do Corpiño puede curar milagrosamente diferentes dolencias, entre ellas la posesión diabólica o de espíritus malignos. Su sacerdote actual es uno de los pocos privilegiados que cuentan con la autorización del Vaticano para poder realizar exorcismos.

            La procesión y las ofrendas de los fieles dentro del santuario siguen la mayoría de las pautas que marca la liturgia de la Iglesia: Santa Misa, Penitencia, Comunión… junto con las oraciones propias de la tradición mariana. Pero también cuenta con ritos propios destinados a ahuyentar a los demonios y liberarse del mal: rociado con agua bendita, imposición de los Evangelios y contacto con la “Reliquia”. Esta última es un trozo del velo de la Virgen María, traído desde Roma en el siglo XIX.

            Las fiestas grandes de este santuario se celebran el 23 y 24 de junio, el 1 de mayo y el 25 de marzo. En ellas podemos asistir a las romerías más vistosas del lugar, con procesiones de las cofradías y asociaciones parroquiales.

            Si te gusta el turismo religioso y en particular todo lo que tiene con la tradición de culto mariana, este es un lugar de referencia que merece la pena visitar.