EL CUIDADO DE LOS PIES DURANTE EL CAMINO DE SANTIAGO

El Camino de Santiago es una de las muchas actividades al aire libre que se llevan a cabo y que, especialmente en primavera y verano, son muchas las personas que realizan. Bien sea haciéndolo todo seguido, bien por semanas o fines de semana, caminamos hacia Santiago por las diversas rutas existentes.

Y en este caminar, los pies son grandes protagonistas, por lo que debemos cuidarlos.      

El cuidado de los pies debería comenzar meses antes de que te vayas a comenzarlo, a menos, por supuesto, que seas habitualmente realices recorridos de de larga distancia. Ten en cuenta que, de promedio, caminarás unos 25 km. cada jornada.

Cuando inicies tu aventura en el Camino querrás que tus pies y botas sean íntimos amigos entre sí, y que tus pies sean lo suficientemente resistentes como para soportar los rigores de estas caminata de larga distancia. El Camino, con su terreno en constante cambio, hará estragos en tus pies, por lo que su cuidado es esencial.

El Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana explica que es importante seguir algunas recomendaciones para preparar los pies antes de las largas marchas y cuidarlos durante y después de las mismas.

En este sentido, la hidratación de los pies la noche antes del inicio de cada ruta es uno de los consejos que más recomiendan los profesionales.

Los pies sufren durante los largos trayectos que se recorren en el Camino de Santiago porque se someten a esfuerzos poco habituales.

Por eso, se aconseja seguir algunos cuidados y visitar al podólogo antes de comenzarlo para prevenir lesiones, especialmente en los casos en los que existen dolencias previas como exceso de sudoración, hongos o helomas, entre otras.

Antes de realizar el Camino de Santiago, los profesionales recomiendan:

  • a) Entrenar previamente en función de las etapas programadas, para ir acostumbrando los pies
  • b) Utilizar botas de trekking o de montaña, que sujeten bien el tobillo
  • c) Cortar las uñas ajustándose a la forma de las mismas y no dejar picos.
  • d) Antes de iniciar cada etapa, se recomienda hidratar los pies con crema.

Otros consejos son: evitar lavarlos con agua caliente antes de la ruta, ya que favorece la aparición de ampollas, ajustar adecuadamente el calzado y el calcetín, y proteger los roces, si los hubiera, con apósitos.

Durante la marcha, se aconseja: utilizar calzado y calcetines habituales (no estrenarlos), caminar relajado, usar bastones para tener más estabilidad, y descansar entre cinco y diez minutos cada hora.

Antes de iniciar cada etapa, se recomienda hidratar los pies con crema. Otros consejos son: evitar lavarlos con agua caliente antes de la ruta, ya que favorece la aparición de ampollas, ajustar adecuadamente el calzado y el calcetín, y proteger los roces, si los hubiera, con apósitos.

Es necesario la protección de los pies Caminar largas distancias por el Camino hace que se ejerza mucha presión sobre los músculos y tendones de los pies y sobre la piel. Envolver los pies cómodamente con cinta adhesiva o cinta médica puede ayudar a evitar la fricción —que produce ampollas— y puede aliviar la presión de los músculos y los tendones. Tus pies aguantarán mucho mejor con un poco de ayuda de este tipo. Cuando cubras tus pies, crea un buen soporte, pero asegúrate de no cortar la circulación sanguínea.

Pon a prueba tus niveles de comodidad y asegúrate de poder sentir tus pies. Si se vuelven insensibles o siente pinchazos como de alfileres o agujas, entonces es que los has atado demasiado fuerte.

Aseguránte de que tus uñas se mantengan siempre lo más cortas posible; esto ayudará a minimizar el daño a los dedos de los pies. Los dedos de los pies tienden a recibir golpes, especialmente al caminar cuesta abajo, y muchos peregrinos se encuentran con que sus uñas se vuelven negras y luego se caen. No te preocupes, también tienden a volver a crecer más adelante.           

Hay diferentes etapas de formación de ampollas, y aquí te damos algunas sugerencias sobre cómo puedes tratar las ampollas a medida que se desarrollan. Tan pronto como sientas que se está desarrollando una ampolla, detente de inmediato y afronta el problema. Donde sientas dolor (un «punto caliente»), puede frotarte un poco de vaselina o ungüento antiséptico, y luego tapa ese lugar. Esto detendrá la fricción adicional. Cuando las ampollas se han desarrollado completamente has de limpiarla y con una aguja de coser perforar la ampolla para que drene y volver a limpiar, cúbrela y mantenla limpia y protegida hasta su curación.